martes

Alteridad

Dicese del principio filosófico de "alternar" o cambiar la propia perspectiva por la del otro, considerando y teniendo en cuenta el punto de vista, la concepción del mundo, los intereses, la ideología del otro; y no dando por supuesto que la de uno es la única posible. El término alteridad se aplica al descubrimiento que el yo hace del otro, lo que hace surgir una amplia gama de imágenes del otro, del nosotros, así como visiones múltiples del yo. Tales imágenes, más allá de las diferencias, coinciden todas en ser representaciones más o menos inventadas de personas antes insospechadas, radicalmente diferentes, que viven en mundos distintos dentro del mismo universo. La alteridad como concepto antropológico, también se ve como el descubrimiento que el yo hace del otro. Una persona a través de la interacción con el otro puede conocer cosas del otro que antes no había conocido, de esta forma se crean imágenes e ideas sobre el otro que antes no se conocían. En general, las personas en su vida cotidiana y en su interacción con los otros pre-establecen imágenes de los otros teniendo en cuenta solo su visión de las cosas y con los parámetros con los que él se ha ido desarrollando. En esta medida se crean imágenes propias de otras personas u otras culturas sesgadas solo por conocimientos propios sin tener en cuenta el desarrollo del otro. La alteridad surge como la idea de ver al otro no desde una perspectiva propia, sino teniendo en cuenta creencias y conocimientos propios del otro. Pero, yo me pregunto, ¿cuán cierto es esto? ¿En qué medida aplicamos la alteridad, con que neutralidad? ¿En qué medida nos abrimos al otro, sin algún previo juzgamiento, sin ninguna previa crítica? Porque es muy fácil criticar al otro, por lo que hace, dice, piensa, de que manera y como lo hace, ya que es distinta a lo nuestro. Todos pertenecemos a un grupo. Un grupo grande, chico, con muchos integrantes o pocos. Pero a ese grupo nos unen semejanzas, que a la vez, son un conjunto de diferencias con respecto a los otros grupos. Y ese sentido de pertenencia (aunque las semejanzas entre dichos integrantes sean efímeras) es el que nos juega en contra, cuando estamos frente a otro grupo, totalmente distinto al nuestro, pero a la hora de organizarse y de sentirse grupo es igual al nuestro, y a todos los demás. Ese sentido de pertenencia, y el asombro, que nos puede llevar encontrarnos con un grupo o una persona distinta a nosotros, que no es aprovechado de la mejor manera. Ese asombro nos lleva a criticar al otro, sin dejar que nos muestre el otro como es en realidad. Ese asombro nos lleva, a decir que lo nuestro es lo acertado y los otros son los equivocados. Y nosotros, ¿sabemos si el otro grupo no piensa exactamente de nuestro grupo? ¿No sería más interesante, poder auto criticarnos, viendo las diferencias que tenemos con el otro grupo, y así, ser un poco más comprensibles con los individuos que conviven en nuestra sociedad, comprendiéndonos los unos a los otros? No siempre la otra persona (ya no hablo de grupos, en los cuales hay integrantes que a la vez difieren en muchas cosas entre sí) va a ser igual a uno. Si así fuera seria muy aburrido transitar por calles, con gente exactamente igual a nosotros, con clones de una sola persona con los mismos intereses, mismos puntos de vista de la vida, y mismos objetivos. No siempre la otra persona, va a esperar lo mismo que vos, no va a responder de la misma manera, y no va a tener cuenta lo mismo que vos. Lo bueno de esto, es que si nos abrimos a la otra persona, y dejamos que aquella otra se muestre como es, podemos llegar muy lejos juntos, de a dos, compartiendo las diferencias, y haciendo de ellas, una semejanza. Porque lo que vos crees, no es lo que cree el otro. Porque ni tu yo esta muy acertado, ni muy equivocado, ni el otro. ¿Por qué no ponerse en el lugar del otro? ¿Por qué no dejar que el otro se ponga en nuestro lugar? ¿Por qué no dejar que la vida se vuelva más interesante y más divertida, con todo lo que nos queda por descubrir día a día, junto a los otros? Investígate, investígalo, investiga. Te vas a sorprender con tu descubrimiento, y ahí sí, no hay libro de antropología que describa esto..

domingo

Naturaleza humana

"...en tanto poseedores de un organismo biológico, sentimos, sufrimos, necesitamos alimentarnos, descansar, dormir. pero simultáneamente es el ambiente social y el cultural el que interactúa dinámicamente con lo biológico, redefiniendo la respuesta: el grado de excitabilidad, los límites de resistencia, difieren en cada cultura, del mismo modo que los esfuerzos irrealizables, los placeres extraordinarios, están más relacionados con los criterios sancionados por la aprobación o desaprobación del grupo de pertenencia que por las particularidades de la especie..."
Mauss - Lévi-Strauss

viernes

Esperar.

Esperar. Esperamos siempre. Estamos acostumbrados a esperar. A esperar que en el visor del microondas avancen los segundos lo más rápido posible para poder desayunar nuestro café, como todas las mañanas. A esperar que el subte llegue a la estación. A esperar en la cola de un banco, de un restaurante de comida rápida, de un supermercado. A esperar un llamado que nunca llega. A esperar al delivery que siempre se retrasa, a esperar que sea la hora para ver esa serie que tanto nos gusta. A esperar el resultado de ese final que nos comió la cabeza las noches anteriores. A esperar en un hospital, a esperar que llegue el día que tanto deseamos para ver a esa persona que nos llena el alma, a esperar por respuestas que están tan lejos. ¿Cuánto más estamos dispuestos a esperar? ¿Cuánto más podemos esperar? ¿Cuánto más queremos esperar? ¿Cuánto más? ¿Hasta cuándo? ¿Llegará el momento en qué nos cansemos de esperar? Esperamos, por personas queridas, por momentos imaginados, por situaciones inolvidables. Esperamos a que la persona indicada llegue en el momento justo. Esperamos que las cosas salgan como nos gustan. Esperamos a otros. Esperamos a las decisiones de los demás. Pero, ¿hay alguien que espere por nosotros? ¿Hay, realmente, alguien, que en este infierno de caras desconocidas que creen conocerse, esperando por nosotros? Un hombre cruza la calle sin mirar a ambos lados, cansado de esperar que el semáforo cambie. En esa misma esquina, se encuentra un colectivero, que está, también, cansado de esperar que el taxista que lo antecede, se decida a avanzar más rápido. Se adelanta en su maniobra, y sin darse cuenta de la aparición del hombre cansado de esperar, el colectivero, también cansado, lo atropella. Una señora, que, aunque parezca insólito, a su edad, no tenía mucho ya que esperar, más que una pequeña cola en el almacén cada domingos por medio, decide llamar a la ambulancia. Una ambulancia que nunca llega. El hombre cansado de esperar por el semáforo, y ahora por la ambulancia que jamás llegará, no aguanta sus últimos signos vitales, y muere. La señora que todavía no estaba cansada de esperar, se para a mirar la situación desde afuera, desde su punto de vista, desde el rol de no sentir la presión de esperar, como todos los demás allí presentes, piensa un momento, en el pobre hombre que yace recostado en el suelo. El pobre hombre, que de tanto aguantar la espera, se quiso enfrentar a esa presión, y la maldita espera, le terminó ganando la partida. Que pena, piensa la señora, la familia de este hombre cansado, esperándolo en su casa, con la cena servida. Y él no. Él nunca, nunca va a llegar. Aunque lo esperen, nunca va a llegar. Pero, ¿hay alguien, se pregunta, que realmente lo espere? ¿Hay alguien esperando su llegada, hay alguien esperando por él y su compañía? ¿O acaso estaría él, antes de lo sucedido, esperando por alguien en su vida? Esperando a alguien, que quizás tampoco nunca llegó. ¿Seria en este caso, una revolución, el haberse cansado, de esperar por un simple cambio de luz? ¿ Sería en este caso, una burda pantalla, una estúpida consecuencia, una efímera representación, del verdadero cansancio que sentía el hombre, cansado de esperar, en realidad, a alguien en su vida, a algo en su vida, de esperar, mejor dicho, algo de la vida? A la vez, yo me pregunto, ¿existe el momento en el que decidimos darnos por vencidos, no esperar más? ¿El hombre cansado, tuvo un instante de inspiración, y agotado de esperar, dijo en sus adentros “yo no espero más”? ¿Cuándo se dice basta? ¿Se dice basta? ¿Hacemos bien al esperar ese algo? Y en el caso de que nos cansemos de esperar, ¿estaríamos tomando una decisión errónea? ¿Cuánto más hay que esperar? Siento que de tanto esperar, se pasa la vida. No sé ni siquiera que estoy esperando. ¿Sigo esperando? ¿Qué estoy esperando? Ya no sé ni que esperar. Tengo la tonta ilusión, de que tranquilamente puedo seguir esperando a que venga alguien mágico, y me diga, “es hora de que no esperes más”. Pero estaría, inocentemente, esperando a su llegada. Esperar. No quiero esperar más. No sé cuánto tiempo tendré que seguir esperando, y no sé cuando voy a poder decir, yo ya no espero más.

lunes

Rutina

Abre los ojos, sin noción de que todavía los tiene abiertos. Los cierra, y los vuelve a abrir. Y así, dos o tres veces, hasta que cae en la cuenta de donde se encuentra. Un rayo de sol primaveral se escurre entre el mínimo espacio que separan a la cortina de la ventana. Mira a sus costados. Un día más. Un día más en el que despierta sin todavía despertar. Un día más que en sus costados, solo yacen sábanas lisas y vacías. Un día más sin otro cuerpo a su lado, un día más de tantos que quedan por venir. Tiene la humilde ilusión de un día prometedor. La misma ilusión de todas las mañanas. Esas mismas mañanas, en las que abre los ojos, los vuelve a cerrar, y al abrirlos nuevamente mira a sus costados, y nada. Se levanta con esa ilusión como motor compañero durante todo el día que le queda por delante. Busca en su silla, la ropa que dejó preparada desde la noche anterior. Esa silla, que parece ser la única compañera fiel todas sus mañanas. La ropa, que dejó arriba de la silla, la noche anterior. Esa noche anterior que terminaba con la ilusión de que hoy sería un día más prometedor que ayer. (...) Y así, todos los días. Todas las mañanas y todas las noches. Esas mañanas que prometen tanto, esas noches que pinchan todo globo existente que pueda a llegar a tener al despertar. Ese día ya está. Hoy ya fue. Queda mañana. Y mañana, y mañana. ¿Pero habrá alguna mañana prometedora que termine con una noche cumplidora? Ese día ya pasó. Y al recordarlo antes de cerrar los ojos ya estando en su cama, piensa, que no fue tan largo el día. Los días, que al pasar, y al otro día recordarlos, no parecieron ser tan padecidos. Pero en realidad, sí. Esos días en los que todo es rutinario. Nada cambia. ¿Algún día cambiará?

viernes

Quiero..

Más allá de la ignorancia que tienen algunos de creer que es posible pasar del 31 de diciembre al 1 de enero, y cambiar (aparte de año) todo lo que quieras cambiar, en tan sólo dos milesimas de segundo. Yo creo que terminé un año re triste, que no fue tan malo en su totalidad, pero con sus momentos bajos más a último momento, y recibí otro con una sonrisa automática, en solo cuestión de segundos. No sé si será símbolico el cambio de año. No sé si será un cambio de día como los de los restantes 364 días. No sé si en serio uno espera el cambio de año para proponerse distintas cosas, para cambiar, para escucharse a sí mismo, o si tiene que ver con la idea de cerrar estapas y abrir nuevas, de terminar un año y empezar otro con distintas proyecciones e ilusiones por cumplir. No sé, para cerrar etapas tenemos el tiempo que nosotros le querramos dar. Pero si sé, que caí en la cuenta de que se puede cambiar si uno quiere, y sé puede hacer lo que uno quiere hacer, y no lo que a los demás les gustaría. Al fin y al cabo, yo sola puedo saber que me hace feliz y puedo luchar por eso. Es como un poco absurdo haber esperado el cambio de numerito de año, para darme cuenta de esto, estaría siendo parte de la ignorancia símbolica del cambio de año. Pero bueno, si esta ignorancia símbolica da buenos frutos, no lo veo tan mal. Sigo creyendo igual, que el año realmente va a arrancar, cuando vuielva de mis vacaciones merecidas del 2008 largo y trabajoso, cuando hayamos descansado lo suficiente y estemos con las pilas cargadas para este 2009 que se viene por delante. Igualmente quiero tener muchos más proyectos y cosas por lograr que los años anteriores. Quiero tener más fé en que voy a poder lograr lo que me proponga, es más, pienso no perder esa fé. Quiero cambiar. Quiero buscar soluciones más efectivas. Quiero alejarme de a poco de lo que no me guste, y acercarme a lo que sí. Quiero decidirme. Quiero olvidar lo que se tenga que olvidar. Quiero recordar todo lo que tenga que recordar. Quiero dejar de llorar por lo que no pudo ser. Quiero sonreír por todo lo lindo. Quiero dejar atrás todo lo malo. Quiero darle la espalda a lo que no me hace bien. Quiero hacer lo que yo tenga ganas. Quiero elegir yo mi camino. Quiero tropezarme y volverme a levantar, sin mirar atrás. Quiero elegir caminos errados, y otro más acertados. Quiero equivocarme. Quiero aprender. Quiero aprender de mis errores. Quiero aprender de mí. Quiero aprender de los demás. Quiero enseñar. Quiero olvidarme del deber, y acordarme más del querer. Quiero perdonar. Quiero pedir perdón. Quiero experimentar cosas nuevas. Quiero seguir haciendo cosas viejas. Quiero viajar. Quiero reírme hasta que me duela la panza. Quiero pasar mucho tiempo con mis amigos. Quiero abrazar. Quiero ayudar. Quiero disfrutar. Quiero gritar. Quiero cantar. Quiero saltar.

martes

Cansada de todo


Cansada de este año que no se termina más. Cansada de la gente hipócrita. Cansada de la gente que espera a verte con las defensas bajas para tirarte una por una las palabras hirientes como cuchillos afilados, viendo como te desangras gracias a tus pocas fuerzas de seguir aguantando todo eso. Cansada de darme cuenta que la persona que tenía sentada al lado, termina siendo otra muy distinta a la que imaginaba. Cansada de que esa gente me sorprenda día a día. Cansada de que si te molesta algo, no puedas decir 'me molesta tal y tal cosa' sin que te miren raro como diciendo 'no te podes enojar por esto'. O sea hola, primero, quién dice por qué me puedo enojar y por qué no? Segundo, no todos sentimos lo mismo, ni nos molesta lo mismo, ni nos enojamos por lo mismo. Sería re triste que todos tuvieramos el mismo enojo o satisfacción por las cosas. Onda.. 1, 2, 3, ya!, todos enojados, un bajón! Cansada además, de ser la única estúpida que dice las cosas cuando le molestan, en ese momento, sin esperar otro momento para decir y manifestar mi enojo. Será que yo no espero a que la persona este por desbordar de cosas habidas y por haber, y no espero a ser la ultima puñalada que la hace estallar como un tomate contra una pared. (Estaría bueno que fuera recíproco). Cansada de que busquen el momento justo para decir lo que molesta, cuando las cosas pasaron 1548564 iguales, y en ese momento se callaron bien la boca. Cansada de tantos. No sé si será la época del año, la sobredosis de cosas negativas, la poca tolerancia y paciencia que tengo ya a esta altura hacia cualquier cosa , el cansancio que a medida se hace más acumulable o que, pero llegue a un momento en el que siento que no doy más. No sé cuanto tiempo más voy a aguantar esta angustia. Porque de tanto cansancio, se genera bronca hacia lo/los que produce/n este estado de saturación pleno. Lo que hace que esa bronca, termine llevandome a reflexiones, que después de pocas sumas y varias restas, me da un resultado negativo con mi persona. Lo que por último me termina desembocando en una gran angustia. Espero no salpicar a nadie inocente. Por las dudas corranse de al lado mío, gracias :) No me hago responsable de sus daños y perjuicios, yo avisé.

miércoles

Noche de paz

Si por casualidad, que Papá Noel no exista, que no exista ningún gordo de barba blanca y traje rojo que baja por la chimenea, y que los culpables de no tener el regalo que nos merecíamos por portarnos bien, fueran nuestros queridos padres, no alcanzaba para ganarse el premio a la mentira más grande, todavía queda chances para los que llaman a la navidad, una noche de paz. Porque a mí lo que menos me genera, es paz. Por motivos personales, que la mayoría que me conoce debe sabérselos de memoria ya, mis navidades hace varios años dejaron de ser pacíficas. Siempre hay algo que me termina cagando la noche, o amargando, o lo que fuere. Y este año no va a ser menos obviamente. Empezando porque termino de trabajar a las 20 y tengo que ir hasta Moreno en tren, y obviamente cuando llegue, ni rastros de la ensalada rusa… Y, si hay algo que me rompe soberanamente los ovarios, es la maldita hipocresía, falsedad, cararrotez, como quieran llamarlo, de las personas que no se pueden juntar a hablar ni del clima dos minutos, pero en navidad, si, en navidad, hola feliz navidad!, si, feliz navidad para vos también. O sea hola, ni nos caemos bien ni nos queremos ver las caras, pero te tengo que decir feliz navidad? Más allá de la creencia o no en la navidad, en el nacimiento de no se quién, y de la noche de paz, me sigue pareciendo toda una falsedad, celebrar algo que ni siquiera sabemos que es, pero, ojo! No sé que es, ni a quien se le ocurrió, ni tampoco sé cuanta gente se llena los bolsillos vendiendo tantas pelotudeces como arbolitos último modelo, adornitos para la chimenea, apoya-vasos con la cara de Papá Noel y platos especiales para los confites, otro para las almendras y otros para el turrón, pero cheeeeeee, no digamos eso, está bueno porque nos regalan cosas, puuuf. Si, o sea, a vos te regalan cosas, y a los nenes que no tienen comida en todo el año, también obvio, ¿te pensas que no? les regalan un pan dulce para noche buena. O sea, se piensan que con un pan dulce podrido lleno de frutas secas asquerosas y una botella de sidra les sacias el hambre y la miseria de 364 días restantes? Es realmente triste que cuando llegan estas épocas tapen todo con un feliz navidad, o con arbolitos horribles y cachivacheros adornando la ciudad. Cuando en realidad, el mundo se está muriendo igual, sea navidad, reyes, pascuas o el día del perfumista. (Majo la ligaste vos, pero no es nada contra tu día jajaja) No está bueno que nos acordemos de los que no tienen para comer, justo en esta insignificante noche de diciembre, a la que llaman noche de paz. Estaría buenísimo, que si eso significa una noche de paz, un pan dulce en la mesa, una cena con familiares o amigos, sea todos los días, no una vez al año, ni “cuando nos acordamos”. Pero así es con todo, siempre buscando alguna excusa para tapar agujeros, que por más que los tapes, tarde o temprano se agrandan, y nos terminan tapando a todos. Por mí parte sigo odiando la navidad, sigo odiando los 355641254 mails masivos deseándome feliz navidad -o sea hola, si querés desearme feliz navidad llamame a mi, a mi casa, a mi celular, mandame una carta, pero a mi, no a mi y a todos tus amigos, y no esperes un igualmente como respuesta, porque no creo en la navidad-, sigo odiando tener que saludar a los clientes con un falso “...y que pase unas felices fiestas”. Dejémoslos tranquilos, dios mío! Si quieren pasar unas aburridas fiestas, sin regalos ni acompañantes esta en todo su derecho pobre señor cliente (yo lo banco, y sé que varios sonrieron cuando me escucharon decir eso..) Igualmente, supongo que con el tiempo este odio se me irá pasando, y cuando tenga hijos, viviré nuevamente la misma mentira, pero con ellos, un poco más feliz de verlos sonreír con tanta falsedad navideña. Esta navidad por lo menos me conformo con que mi minuto de paz, sea cuando vea sonreír a mi ahijada cuando abra los 548428482 que le trajo Papa Noel como todos los años. Ella si que me da paz, con su sonrisa.

martes

Locura

Con una sonrisa como escudo, y una alegría contagiadora para él que se atreviera a contagiarse, él sonreía, y a la vez, les regalaba con cada sonrisa, un rayito de sol, a cada ciudadano, como él, como vos, como yo, como cualquier otro, que pasara por la misma baldosa. Pero ellos no. Ellos no le regalaban nada más que una mirada indiferente al pasar, algún que otro ‘¿Córrete querés?’, o con suerte, algún inocente ‘No, gracias, no tengo plata’. Pero no se daban cuenta que a él solo le bastaba con una sonrisa como respuesta, con algún guiño de ojo, alguna que otra carcajada inocente de un niño, o alguna mueca de complicidad de alguna muchacha de piernas lindas. Como todos los días, como todas las mañanas, amanecía muy temprano, para no perderse ni un minuto del resplandeciente sol primaveral, abría su florería, y elegía las mejores flores para regalarle a los demás. ‘Buenos días señora’, ‘No tan buenos para algunos’, ‘Pero miré si no va a ser bueno, con tan linda mañana’ y la señora, como la mayoría de las señoras, lo dejaban hablando solo. Y acá iba de nuevo el hombre primaveral, ‘Buenos días bella dama, le regalo una flor no tan bella como usted’. ‘No, gracias, no tengo plata’, ‘Es un obsequio en honor a su belleza, vamos, acéptelo... se la regalo a usted, como a usted.. señor, para la solapa de su saco’ ‘No nene, no estoy para estupideces’, contestó enojado el señor mientras lo empujaba con su maletín pesado. Él ya estaba acostumbrado a derramar palabras, como una regadera humedeciendo el tiempo con su ‘buen día señor, buena señora, que bella mañana…’ y obtener como respuesta el enojo, la sonrisa burlona, algún que otro empujón, o la simple indeferencia de la gente que pasaba a su lado, como la de la bella dama, que segundos antes, había aprovechado el enojo del señor con maletín, para mezclarse nuevamente entre la gente sin decir adiós. Yo, que caminaba un poco alejada del centro de la escena, supe desde que lo vi, mientras doblaba en la anterior esquina, que lo conocía. Era el mismo señor que desparramaba esperanza, alegría y primavera con cada ‘buen día’ que salía de su boca. Y alguna que otra vez, lo había visto hablando solo, cantando solo, sintiéndose solo, como todos, seguramente, alguna que otra vez, nos sentimos solos. Una nena, un poco más apurada que yo por llegar a la esquina, corrió desesperadamente para no perderse la flor que mi amigo el florista, obviamente, le iba a querer regalar. Del brazo de ella iba arrastrada la madre, que le gritaba un poco resignada, sabiendo que la nena no la iba a escuchar, ‘¡Hija, vení!, ni se te ocurra agarrar una flor de ese señor extraño que no tengo ni un peso’, ‘Ay, dale mamá, vamos que se le van a acabar las flores’. ‘Buen día linda’ le dijo el florista al ver llegar a la nena tan emocionada por una flor. ‘Hola, ¿cómo te llamas?’, le preguntó la nena. ‘Yo soy Juan, ¿vos cómo te llamas preciosura, y como se llama la madre de esta niñita?’. ‘Vamos nena, que se nos hace tarde, no tenemos tiempos para estas cosas’, argumentaba la madre. ‘Yo me llamó Lucía, y quiero ser tu amiga. ¿Puedo ser tu amiga? Porque vos le regalas flores a tus amigos, ¿no?’ ‘Si, yo le regalo flores a la gente, y la gente es mi amiga, todos son mis amigos, los viejos, los jóvenes, los chicos, los niños como vos, los árboles, los pájaros y las palomas también. Además es primavera, y para que sirve que sea primavera sino llevas una flor en la solapa, en la mano o en el pelo?’ ‘Entonces, yo también soy tu amiga. En la plaza yo me hago amiga de todos los chicos. En cambio, los grandes son diferentes, ¿no, mamá?’. ‘A veces hija, a veces… Vamos que se nos hace tarde y papá se va a enojar.’ A veces, o casi siempre, por desgracia. Y creo que tengo un poco la inocencia de Lucía, de pensar que no es siempre, sino casi siempre. La gente lo puede llamar, ‘el loco que dice buen día’, pero es uno de los pocos que lleva una flor en el ojal en primavera, y una sonrisa como maquillaje. Y en vez de tener los ojos empañados de envidia, de tristeza, de rencor...los tiene abiertos y hondos, reflejando tanta claridad, más claridad y transparencia que la del mar. Envidia tendrían que tenerle a él, la gente que no le acepta ni una sonrisa, la gente que está más preocupada por su reloj, que por ser feliz. Las personas grandes para ser amigas de alguien, tienen que responder un complicado cuestionario lleno de signos y de números. No pueden decirle 'buen día' a la gente que se cruza con ellas por la calle porque la gente se sorprendería... y las llamaría locas, como al hombre de los ojos de niño que le va cantando al sol y a la ternura, estremecido por la alegría de vivir. ¿Pero, loco? ¿Loco, por qué? ¿Por qué amanece con una sonrisa? ¿Por qué quiere compartir su felicidad con los demás? ¿Por qué no muestra en su cara resignación, luego de tantas miradas desencontradas que le devuelve la gente? ¿No es más loco, un señor con sombrero, traje, y maletín, un día tan lindo, con el sol tan radiante? ¿Cómo va a ser loco un hombre que regala flores y saluda por las calles? ¿Cómo va a ser loco un hombre que ama a la gente, a los perros, a los gatos, a los pajaritos y sonríe porque el sol es redondo y amarillo? Locos... somos los otros; los que miramos con angustia los relojes, los que no estrechamos las manos de cualquiera, los que ponemos un vidrio de distancia entre nosotros y los demás, con la excusa de "protegernos". ¿Protegernos? ¿Protegernos de qué? ¿No será temor? Temor a dar algo a los demás, sin siquiera esperar algo a cambio. Temor a no pensar lo mismo, a ser diferentes. Temor a demostrar lo que sentimos. Temor a amar, a que nos llamen locos. . .
=)
Y TODAS LAS RUINAS ENTRAN A BRILLAR,
ES TU SUEÑO QUIEN LLEVA LOS HILOS.
Y LLORAR DE NUEVO YA NO TE HACE MAL,
Y UN DOLOR TE MANTIENE AHORA EN VILO.