miércoles

Que monopolizes mis deseos

Que mis manos jueguen con tu pelo. Que tus piernas se enreden con las mías. Que no encuentre mejor escondite que estar entre tus brazos. Que tu espalda sea mi refugio más seguro. Que tus labios me lleven al paraíso. Que tus caricias me derritan. Que el delirio de tu voz conquiste mis oídos. Que tus manos recorran el camino del deseo. Que mis manos persigan su instinto. Que el roce de nuestros cuerpos nos hagan perder la noción del tiempo. Que nuestra danza termine embriagandonos de placer. Que la pasión nos convierta en testigos y cómplices únicos de este infierno. Que me haga adicta al calor que desprende tu cuerpo. Que tu sonrisa busque complicidad en mi mirada. Que al final, tu abrazo me haga volar. Que me envuelvas con el brillo de tus ojos. Que juguemos a las escondidas entre las sábanas. Que me robes la almohada. Que me dejes dormir en tu pecho. Que al amanecer, el sol nos descubra abrazados. Que no nos importe el despertador. Que ya no sienta que es invierno, si estoy a tu lado.

viernes

Secreto

"No te pido que me lo cuentes todo, tienes derecho a guardar tus secretos, con una única e irrenunciable excepción, aquellos de los que dependa tu vida, tu futuro, tu felicidad, ésos quiero saberlos, tengo derecho, y tú no me lo puedes negar."

"José Saramago", ídolo eterno de la literatura.

domingo

Combate

"Trincheras de ideas, valen más que trincheras de piedras."

José Martí.



sábado

Cielo de un solo color

"La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar."

Eduardo Galeano

viernes

Fue en abril


-       ¿Querés que te cuente el cuento de la buena pipa?
-       Sí.
-       Yo no dije sí, dije si querés que te cuente el cuento de la buena pipa.
Y así pasabas ratos y ratos hasta que nos dormíamos. Nunca entendimos que teníamos que responder, nunca te cansabas de hacernos ese chiste, nunca nos cansábamos de escucharte repetirlo todas las noches, antes de cerrar los ojos. Nunca te levantaste de ese sillón, sin comprobar que estuviéramos soñando. Fue en nuestras vacaciones de invierno de 1994, y si mi memoria no me falla, también en las de verano. A cualquiera que le pregunten, seguramente responderá que ese año pudo haber sido el peor de nuestra infancia. Que ese año, fuera de casa, lejos de papá y mamá, iba a cambiar mi vida y la de mi hermana. No se equivocan, cambió todo. Pero no fue el peor año, gracias a vos. Todas las mañanas me despertaba atormentada por el mismo sueño. Soñaba que se terminaban las vacaciones, y tenía que volver a casa, volver al colegio y a la rutina de siempre. Me aterrorizaba abrir los ojos, por miedo a que no fuera un sueño. Pero cuando los abría, te veía sentado, calladito, en la silla al lado de la ventana, esperando a que me despierte para que te acompañe a comprar pan. “Quiero que me cuentes el cuento de la buena pipa, abuelo, siempre me duermo antes”, es lo primero que te decía. Vos me prometías que de esta noche no pasaba, pero que primero tenía que acompañarte a visitar a Vanesa, la chica que trabajaba en la panadería de tu barrio. No es que me disgustara ir al colegio, no es que no soportara las preguntas de mis compañeros, o me dieron bronca las caras de compasión falsa de mis maestras, iba más allá de eso. Con el tiempo aprendí a sobrellevar nuestra realidad, aprendí a diferenciar a las personas que miraban con lástima, y a las personas que se animaban a preguntar por la salud de mi hermanita, con mucha sinceridad. Con el tiempo parecía que todo volvía a la normalidad, y volver al colegio después de sucesos bastantes importantes en mi familia, no me molestaba tanto. Pero seguía extrañándote, y esperaba con muchas ganas un fin de semana largo, para que papá nos dejara esos días solas con vos y la abuela, y de una buena vez por todas, pudiera conocer ese cuento. En el colegio te conocían como a uno de los mejores abuelos de todos, todos te admiraban, todos te recordaban con amor, hasta el día de hoy. Y no sólo por lo que yo contara, o Maru contara. Todos te conocían, y todos te querían. Si hablo de vos con cualquiera de mis amigas que llegaron a conocerte, pueden afirmar que eras una gran persona. Y hasta una de ellas sigue guardando las soguitas que vos mismo armaste y nos regalaste a todas las nenas para hacer gimnasia.
Vos te lo ganaste, Tito.
Y tu nieta mayor está orgullosa de vos.
Feliz cumpleaños, donde quieras que estés.

lunes

Desencuentros


-          Quiero cambiar el mundo.
Ella levantó la vista. Le clavó la mirada en sus labios intentando deletrear letra por letra lo que había escuchado. Le dio otra pitada a su cigarrillo. Él sonrió tímidamente. Ella volvió su mirada al piso. Él busco sus manos. Intentó acariciarla. Ella separó sus manos de las de él. Las apoyó contra sus rodillas, y escondió su cara entre ellas. Él le acarició el pelo. Ella esquivó cada caricia. Improvisaron un silencio incómodo. Él quería ser claro. Ella había comprendido. Él sería capaz de volver a decirlo. Ella tenía miedo de que eso sucediera. Ninguno de los dos era consciente de lo que pensaba el otro. Él pensó que ella nunca lo entendería. Ella pensó que él nunca la entendería. Él intentó abrazarla, ella esquivó el abrazo. Indignado se puso de pie, dispuesto a marcharse. Ella lo agarró de la mano, impidiéndole avanzar. Él la miró fijamente, ansioso por escucharla hablar.  Ella le soltó la mano, no pudo pronunciar nada de lo que en ese momento hubiera querido. Él se dio vuelta y comenzó a caminar. Ella siguió sus pasos con la mirada, pero no tuvo fuerzas para pararlo. Él dobló en la esquina y se perdió para siempre en la oscuridad de esa noche de invierno. Ella buscó su celular, y escribió un mensaje que nunca envió. 
-          Ya cambiaste el mío.

viernes

Palabras sabias

"El mundo social es el lugar de luchas a propósito de palabras que deben su gravedad -y a veces su violencia- al hecho de que las palabras hacen las cosas, en gran parte, y que cambiar las palabras.. es ya cambiar las cosas. El combate para conocer científicamente la realidad debe casi siempre comenzar como una lucha contra las palabras."

“Cosas Dichas” - Pierre Bourdieu.

martes

Deseos

Quiero dejar de estudiar tantas políticas públicas. Quiero dejar de dormir poco para cumplir con las responsabilidades. Quiero viajar. Quiero llenarme los pulmones de ese aire norteño. Quiero esa paz. Quiero esa tranquilidad, quiero ese paisaje, quiero esa gente, y quiero ese momento de tregua en mi vida. Quiero cargar mi mochila de muy pocas cosas, y salir. Quiero soñar. Quiero dejar de pensar en cosas sin sentido. Quiero vivir. Quiero sentir. Quiero proyectar. Quiero disfrutar, quiero hacerle caso al que me dijo "si no disfrutas ahora, cuando lo vas a hacer?". Quiero creerme algo de todo lo que digo. Quiero animarme. Quiero dejarme llevar. Quiero perder miedo. Quiero arriesgarme por amor. Quiero conocer gente. Quiero conocer lugares. Quiero experimentar cosas nuevas. Quiero volver a hacer cosas viejas que me apasionan. Quiero leer. Quiero aprender. Quiero saltar. Quiero cantar. Quiero caminar descalza bajo la lluvia, escuchar este tema siete veces seguidas, quiero bailarlo, sentirlo, que la lluvia me moje la cara, y quiero reirme hasta que me duela la panza y los músculos de la cara empiezen a tirarme.
que los deseos salgan,
de estado de sitio
del cuerpo y el alma.
y los que callan griten,
con voces que asustan,
con brotes de rabia.
que los que temen bailen,
con risas de niño,
con vodka y tambor..

domingo

Respiro

solo intento respirar,
y me alejo de lo que
me hace volver atrás..



Como un hecho irreal, inverosímil, casi anormal… siento que respiro. El aire entra y sale de mi cuerpo, sin ningún obstáculo. Inhalo. Exhalo. Sí, efectivamente, no hay dudas. Estoy segura, después de tanto tiempo, estoy respirando.
Respiro, sin que tengas que proveerme el oxígeno. Respiro, y no desecho dolor en cada dióxido de carbono. Respiro, como nunca pensé que iba a volver a respirar. Respiro, y ya no me falta el aire. Respiro, sin que estés para contemplar mis signos vitales. Respiro, y puedo sentir el aire que entra en mis pulmones, recorre mis venas, llega a mi corazón, lo ayuda a latir, y ya no es por vos.
Realizo un proceso fisiológico natural en plantas y animales, que para mí ya era inusual. Soy la única responsable de este acto vital, siempre lo fui, pero me había olvidado por completo de su funcionamiento. Vuelvo a acostumbrarme a convivir con el ritmo de mis pulmones. Me acostumbro a esta sensación que vuelvo a experimentar.
Percibo la calma que invade mi alma con cada inhalación. Y con cada exhalación caigo en la cuenta de que ya no te lloro en determinada hora del día. Que ya no miro el teléfono esperando que llames. Que ya no tiemblo cada vez que lo escucho sonar, que ya no pienso en la posibilidad de que seas vos, que ya no evito atender por miedo a desilusionarme. Que ya no te busco en cada estación. Que ya no siento que me seco de tanto dolor. Que ya no me duelen todos los viernes, todos los lunes y algún que otro jueves. Que ya no tengo miedo a morir de amor.
Creo que no me equivoco, estoy viva. Pareciera que volví a nacer. No sé cuantas veces morí, no sé cuantas veces resucité. No sé si fue cierto o tan sólo fue una pesadilla. No sé cuantas cicatrices adornan mi alma, ya perdí la cuenta.
Pero esto es real, respiro.


(y me costó terminarlo... gracias a vos por la ayuda, el apoyo y la complicidad.)

jueves

Tan lejos


No puedo evitarlo, me derrito con sólo pensar en el tono de tu voz. Y te pienso, te recuerdo, te imagino. Y te escucho. Es que los recuerdos no me ayudan. No paran de atacarme cada vez que creo no escucharte. El eco de tu voz sigue resonando en mis oídos. Te escucho, como si fuera ayer. Y mi alma sonríe ingenuamente. Te escucho, estás cada vez más cerca. Puedo sentirte acercándote. Ya casi llegas, solo te restan unos pasos. Miro la puerta ansiando tu llegada.
Es en ese instante cuando mi cabeza me empieza a gritar, me baja de un hondazo a la realidad. Mi mejilla derecha se comienza a humedecer con las lágrimas que se dignan a aparecer otra vez. Como si fuera poco, como si no me bastará con extrañar tu sombra. Pero no, a mi corazón no le alcanza con saber que ya no estás. No, definitivamente, tiene que comprobar reiteradas veces que te perdí. Y mi alma ya no sonríe, ahora ella también llora. Vos ya no estás acá.
MI cabeza me recuerda que soy capaz de superar este dolor, salir adelante y continuar mi vida. Los días pasan y me convenzo erróneamente de que estoy mejor. Voy logrando cumplir todo lo que siempre soñé. Intento no escuchar a mi corazón. Hasta que el eco de tu voz vuelve a endulzarme los oídos, y mi alma se empeña en buscarte en cada aroma.
¿Pero a quién quiero engañar? Si mi alegría sólo tiene sentido, si puedo compartirla con vos. No me acostumbro a tu ausencia. No tengo esperanza alguna de estar bien, si estás tan lejos. No puedo dejar de necesitarte. No puedo dejarte ir. Pero tampoco puedo juzgarte, no puedo culparte, ni puedo dejar que mi corazón te condene. Tal vez algún día, pueda escucharte pronunciar palabras libres de dolor. Tal vez algún día, esto sólo sea un recuerdo más, de los que ya tenemos acumulados.
Y tal vez algún otro día, tu corazón logre no condenarme..

adentro llueve, y parece que nunca va a parar..

Basta para mí


como las frases que ya no te escribo, pa' que vuelvas otra vez..
Ya no me pregunto ¿por qué vos?, ¿por qué yo?, ¿por qué nosotros?, ¿por qué cada uno por su lado?. Ya no te veo en todas las caras. Ya no te escucho en todas las voces. Ya no te imagino, ya no te espero, ya no te sueño. Ya no busco excusas para no odiarte. Ya no me auto convenzo de que yo estaba equivocada, de que te quise más de lo que te merecías, de que fue mi error el haber creído en vos. Ya no te lloro. Ya no te extraño. Ya no me muero por vos. Ya no me muestro fuerte, en vez de morirme por dentro. Ya no me derrito con tu mirada. Ya no te quiero al lado mío todas las noches, todas las tardes, todas las mañanas. Ya no me basta con qué solo me mires a los ojos. Ya no me basta con que me sonrías. Ya no me basta con un roce insospechado, no programado, casi sin querer. Ya no me basta con tu brazo rodeando mi cintura. Ya no te llaman a gritos mis labios. Ya no lo niego. Ya no lo acepto. Ya no te sueño todas las noches. Ya no te imagino en cada rincón. Ya no te abrazo cuando tengo miedo. Ya no busco tus brazos antes de caer. Ya no creo que vas a cambiar. Ya no dejo que te vayas y me dejes sola. Ya no espero que reacciones. Ya no me lleno de fuerza para dejarte escapar, sin frenarte. Ya no llora mi alma cada vez que te vas. Ya no amanezco pensando en sí hoy vas a volver. Ya no te extraño en cada amanecer. Ya no busca mi cuerpo tu calor. Ya no sos una amenaza para mi corazón. Ya no caigo en tus redes. Ya no me alejas de la realidad. Ya no me olvido de mi enojo con sólo verte sonreír. Ya no sonríe mi alma cada vez que volves. Ya no pienso y re pienso mi forma de actuar. Ya no me castigo. Ya no me maldigo, ni me puteo. Ya no dependo de vos a cada paso que doy. Ya no acepto tus reglas. Ya no dejo que no respetes las mías. Ya no te cuento las oportunidades que te doy. Ya no espero que me mires para hacerme olvidar del mundo. Ya no soy vulnerable a tus palabras, a tu perfume, a tu mirada. Ya no construyo un muro insostenible. Ya no espero que lo derrumbes. Ya no te regalo mi dignidad. Ya no te busco. Ya soy inmune a vos. Ya no quiero jugar más con vos.


textos viejos si los hay..
a reírse un rato de lo viejo,
a caminar hacia lo nuevo =)

viernes

Fuerte


Te abrazaría lo más fuerte posible. Fuerte, bien fuerte. Tan fuerte, que se me cansarían los brazos. Que alcanzaría para calmar el dolor que mi alma quiere gritar, y todavía no encontró los oídos ansiosos que quieran escucharla tan dulcemente como vos. Que no me darían ganas de soltarte nunca más. Que te darían ganas de no dejarme sola, de no abandonarme, de acompañarme como antes. Me alejaría de vos solo un segundo para ver tu sonrisa contagiosa, y te volvería a abrazar, fuerte. Bien fuerte, para convencerme de nunca volver a perderte. Me haces muchísima falta, y nadie se da cuenta. Nadie lo nota. Nadie lo sabe. Nadie sabe cuánto te necesito hoy.

jueves

Huir

Una única puerta de entrada. Un laberinto escondido detrás de esa puerta. La decisión de atravesarla, sin mirar a atrás. Sabiendo las posibles derrotas y los posibles fracasos como consecuencia. La decisión de empezar a caminar, jugar, experimentar. Experimentar ese laberinto. Jugar en ese laberinto. Caminar en ese laberinto. Por momentos, un camino lleno de satisfacción, que confirman tus expectativas. Por momentos, un camino lleno de piedras, obstáculos, posibles de superar, pero muy díficiles. Y aparece. Y se hace presente. Y se ilumina, se hace visible, inconfundible, casi perfecta. Una puerta de salida. Una de las tantas falsas puertas de salida. Una de las infinitas forma de escapar, antes de tiempo. La tentación de acercarte. La tentación de alcanzarla. La tentación de abandonar el juego. Y huir. Correr. Lo más rápido posible. Y huir. Dejándote sin posibilidad de pensar en la meta final, sin posibilidad de ver el trayecto ya transitado. Haciéndote creer que es la mejor opción. Huir, y nada más. Engañándote. Mintiéndote. Nublando tu visión. Casi exigiéndote a ser cobarde. A huir, y no asumir la responsabilidad, el compromiso que te exigen tus decisiones. Tus decisiones, y de nadie más. Por malas o buenas, felices, tristes o dolorosas, tus decisiones. ¿Vale la pena huir a esta altura del camino?

miércoles

Gente que no

En el mundo hay dos tipos de personas.
Hay personas que patean hacia vos, sin pensar en las consecuencias, sin reparar en el daño que generan..
Hay personas que a cada palabra que pronuncian sienten tu dolor, a cada gesto reaccionan con una caricia oportuna, y para cada lágrima tienen un abrazo reservado.
Yo elijo ser parte de la segunda ronda.
Hay gente que, definitivamente, no.



Cuida de mis sueños,
Cuida de mi vida.
Cuida a quién te quiere,
Cuida a quién te cuida.
No maltrates nunca mi fragilidad,
Yo seré el abrazo que te alivia.

jueves

El viento que todo empuja

Cuando pensas que volas más rápido de lo que siempre te creíste capaz. Cuando el sol te encadila la vista con sus rayos, y no hay mejor sensación que esta. Cuando crees que la única ruta correcta es la que te marca la luz al final del camino. Cuando ya no hay miedos que te invadan, ni preguntas que te visiten, y tu cabeza está repleta de respuestas y certezas que siguen la senda de la esperanza. Cuando sentís que las heridas de tus alas ya no tienen posibilidad de volver a abrirse. Cuando ya no hay nada que perder, cuando el azar es el responsable de todo lo que pueda pasar de ahora en más, cuando el viento que empuja tu alma parece estar a tu favor, cuando todo está jugado, cuando son más sumas que restas en tus días, cuando ya no importa si el dolor vuelve si las heridas no están suturadas por completo, cuando sabes que todo está bien.
Ahí. Sí, ahí.. justo ahí. En ese momento es cuando sucede.
El viento ya no sopla a tu favor. El sol se esconde entre las nubes y no alcanza a abrigarte con su calor. Tus alas se debilitan, pierden fuerzas, se cansan, se agotan y dudan en seguir. Los miedos te ahogan. Las dudas te persiguen. Las preguntas vuelven y las respuestas no se dejan encontrar. Perdes todo lo apostado, mientras ves como el rival de en frente se va con los brazos cargados de riquezas. Tus fichas ya no valen para otra vuelta en este juego. Perdiste tu turno. La luz al final del camino ya no es tan clara, se esfuma por momentos, se apaga, vuelve, se pierde entre la niebla. Nuevas luces se presentan, te confunden, te tientan a alcanzarlas. Pero, ¿cuál es la correcta? ¿Cuál es el camino? ¿Qué certezas tengo de que esta vez no voy a resbalar a mitad del trayecto?
Sinceramente no lo sé.
Pero ellos están ahí. Al lado mío, acompañándome incondicionalmente. Desde el momento que levanto vuelo a toda velocidad, hasta que caigo sin previo aviso. Abren el paracaídas para evitar el golpe. Intentan amortiguar mi caída, y en el caso de no lograrlo, me levantan de a poco, con ternura, palabras de aliento, y sonrisas contagiosas.. Secan mis lágrimas, me contienen en su abrazo, lavan una a una mis heridas, las suturan y las cuidan minuisiosamente hasta que finalmente cicatrizan gracias a sus caricias. Una vez más, me empujan a seguir, me dan las fuerzas necesarias para volver a levantar vuelo, me guían indicandome los caminos posibles. Calman mis miedos, responden mis preguntas, consuelan mi angustia, ahuyentan mis dudas, me convencen de que no todo está perdido, me prestan sus fichas para seguir apostando...
Y por sobre todas las cosas, me escuchan repetir el mismo discurso las veces que sean necesarias, hasta que yo me canse de relatarlo, y decida dar vuelta la página. Y volver a empezar un nuevo renglón.. con nuevas palabras, nuevas aventuras, nuevos horizontes, nuevas luces cegadoras, nuevas puertas abiertas, y otras también cerradas, nuevos caminos, nuevos tropiezos, nuevos errores y aprendizajes, nuevas posibles heridas con sus respectivas cicatrices.
Las alas las mismas. La fuerza la misma. La sonrisa la misma.
Ellos, siempre, los mismos. Especiales, incondicionales, mágicos, superpoderosos. Cada uno a su manera, cada uno con su propio don, cada uno aportando su granito de arena a mi felicidad.
Pero siempre, siempre los mismos.



Este blog, por el momento, llegó a su fin.
Algún día quizás vuelva..

domingo

Miedo

Tengo miedo, insisto, mucho miedo. Y el miedo me juega una mala pasada. Tengo tanto miedo que no sé como manejarlo. El miedo me paraliza, no me deja avanzar, ni retroceder. No me deja continuar. El miedo me saca todas las fuerzas, saca a la luz mi lado más débil, y me muestra lo poderoso que es. Y no se cansa. Y va a volver a atormentarme las veces que sea necesario para demostrarme que yo no puedo contra él. No se cansa, estoy segura. Y me ahoga en recuerdos que no quiero recordar, y me absorbe toda la calma que junté mientras no me visitaba. Y no va a parar. Sé que no va a parar. No se va cansar de venir a divertirse con mi mal estar. No se va a dar por vencido. Pero yo tampoco. Aunque pierda lágrimas, aunque pierda fuerzas, aunque pierda mi equilibrio y no pueda controlarme, yo tampoco me doy por vencida.


martes

Pensé

Pensé que era capaz. Pensé que podía alejarme. Pensé que ya me encontraba fuera de tu alcance, que no era vulnerable a tu perfume, a tu sonrisa, a tus palabras. Pensé que el solo hecho de mirarte no iba a derrumbar mi decisión de que ya no seas parte de mí. Pensé que ese muro que habíamos decidido construir hace un tiempo entre los dos, era imposible de derrocarse. Pensé que iba a ser fuerte, pensé que iba a lograr superar tu ausencia que hace rato venías anunciando en forma de cuotas. Pensé que el extrañar el calor de tu alma las primeras noches, el extrañar tus brazos sosteniéndome y protegiéndome de cualquier resbalo posible, el extrañar tus manos buscando las mías, era uno de mis tantos caprichos que no se terminan por satisfacer. Ingenuamente pensé también, que con el correr del tiempo, me acostumbraría a no escuchar tu voz. Pensé que no necesitaba más que tiempo. Pensé que te olvidaría. Pensé que me olvidarías. Pensé que lograríamos vernos como dos desconocidos que se saludan por compromiso. Pensé que íbamos a lograrlo. Pensé que verte feliz, iba a ser la excusa perfecta, para confirmar que habíamos hecho las cosas bien. Y ya ves, amor, al fin de cuentas, no soy capaz, no soy fuerte, no soy esa persona que pensó que podría olvidarte, borrarte, dejarte ir como si nada, sabiendo inconscientemente que ninguno de los dos estaba de acuerdo en la construcción de este muro que hoy tanto nos separa y nos duele. Te juro, y te lo hago saber las veces que sea necesario, pensé de forma errónea, que éramos capaces.



(uno de los tantos que encontré...
¿
estoy a tiempo todavía?)

sábado

Tregua

¿es mucho pedir? unos.. dos días, con eso juro que me alcanzaría. solo dos días. y olvidarme de todo, y olvidarme de todos. olvidarme de lo que me queda por decidir, lo que me queda por hacer, lo que me queda por pensar, lo que me queda por esperar.. solo dos días, y me alcanza. dos días y juro que vuelvo igual de renovada. pero, esta vez exigiría que las ondas positivas, vengan con unos meses más de duración.. (las que trajimos en las mochilas, se agotaron de toque)

jueves

Humedad

Después de un laaaargo día laboral como los que vienen siendo hace unas semanas, después de escuchar todo el día la misma pelotudez, y después de que todo esto y muchas cosas más seguro, desemboquen en un gran dolor de cabeza interminable, paro un segundo y digo: ¿por qué la humedad tiene culpa de todo? ¿Quieren ejemplos? Voy a enumerar un par de situaciones del día de hoy, que terminaron siendo parte de una conversación en el almuerzo, y nombro estas por que son las situaciones que más frescas tengo en mi cabeza.
SITUACION 1: - “Ay, ¿qué te pasó en el pelo?! ¿Intentaste hacerte un brushing y te salió mal, o directamente no te peinaste? ” “Eemm.. es la humedad”.
SITUACION 2: - “Che, me mata la cabeza” “Si, seguro es la humedad
SITUACION 3: -“¡Qué mala onda que estás!, ¿te despertaste de mal humor?” “No, sí, tenes razón, discúlpame, es la humedad viste?”
SITUACION 4: -“No te parece que el subte está tardando mucho en venir?” “Quédate tranqui… es la humedad que genera demora”
SITUACION 5: -“Todo mal, el chico que cada vez que pasaba me desnudaba con la mirada, no me llamó nunca desde que me animé y le di un papelito con mi número” “Noooo, pero no te pongas mal, si? ¿Sabes que pasa? Es esta humedad que hace que no te llame, pero seguro, SEGURISIMO, que se muere de ganas, te lo aseguro!”
SITUACION 6: -“Ese tipo de allá, me está siguiendo hace tres cuadras” “Pobre, compréndelo, está intentando escapar de la humedad, y piensa que sabes cual es el camino..” ¿¿?¿
O sea, hola, yo diría que empecemos por hacernos cargo de nuestros actos, y la humedad nos va a empezar a ahogar y molestar un toque menos. Para mí, que de tanto nombrarla en vano, la mina más aparece para hacernos la vida imposible. Tendría que haber un mandamiento climático, “no usar el nombre de la humedad en vano” y así se va a aburrir de tanto aparecer, y no tendríamos que escuchar estas excusas baratas nunca más…
Si no te peinas, hacete cargo. Si te mata la cabeza, tomate una aspirina, o golpéatela contra la pared. Si la otra persona te contesta mal, contéstale con tu más falsa amabilidad posible así le molesta. Si el subte no viene, espéralo, ya va a venir.. Y si ese chico, después de mirarte todos los días cada vez que pasaba por al lado tuyo, después de que fueras re cararota a darle tu celular, y después de que siga pasando por al lado tuyo buscando tu mirada, no te llama, seguramente, no tiene crédito.. (Y noooo, no vayas a ahogarlo con preguntas al estilo: ¿por qué no me llamas? ¿Por qué me miras? ¿Por qué ahora que tenes mi número no me mandas mensajes? Decime, dale, ¿por qué me seguís mirando en vez de hacer algo? Contéstame, ¿POR QUEEE? Te aseguro que es preferible pensar que no tiene crédito, a enterarte que es gay y te mira para averiguar donde te compraste ese pantalón de payaso que te queda tan bieeeen, PERO A EL LE QUEDARÍA MÁS LINDO. No, definitivamente, no hagas eso.)
Lo que una tiene que escuchar a veces, eh.

martes

Última noche en Salta - parte 2

La última noche en salta, después de recorrer la belleza en la que se transforma esa ciudad pasadas las ocho, con todas las luces de los edificios históricos alrededor de la plaza principal, nos decidimos a sentarnos en un banquito de la plaza, en frente de la catedral. Yo opté por sentarme en el suelo, apoyando mi espalda en el banquito, mientras mi amiga, y la chica que nos acompañaba, se sentaron una a cada lado. Un rato después de sacar infinidades de fotos a cada lugar iluminado, un rato después de intentar sacarle una foto fallida a majo en medio de la calle (y que pase un auto y le saqué una foto re tierna, en la que ella sonreía para mi cámara, y terminó captándola mucho mejor el conductor de dicho auto), ese rato después, nos quedamos las tres en silencio. Pasó una señora, muy mayor, por al lado nuestro, con muchas bolsas en la mano, no me acuerdo si tenía bastón, o si, solo el hecho de que era mayor y caminaba con pasos muy lentos y pausados, me hace imaginármela con un bastón inexistente. La señora se dispuso a cruzar la calle que separaba, a nuestro banquito en la plaza, de la catedral. Como sus pasos eran muy lentos, muy pausados, y hasta demostraba ser padecidos de manera muy triste por la señora, nos quedamos las tres mirando todo su recorrido. A lo lejos venía un auto, paseando, un poco distraído capaz, o muy atento, no lo sabemos. Lo único que sabemos, que si hubo algo que interrumpió nuestro silencio, para nada incómodo, fue nuestra preocupación de si el señor/turista/habitante que iba paseando, distraído o no, había visto a la señora mayor con bastón (existiese o no), que estaba cruzando muy lentamente, cargada de bolsas. Después de eso, volvió el silencio. Vimos como la señora entraba por una puerta, al lado de la catedral, a su casa, su refugio, o a algún lugar que no sabemos ni vamos a saber nunca que era. Las chicas siguieron hablando como si nada, pero a mi me generaron ganas de interrumpirlas, y decirles lo que me quedé pensando. Me quedé pensando, en el momento en que lleguemos a esa edad, en el momento que nos cuesten los pasos, en el momento en el que tengamos un andar tan cansado y resignado, que trasmitamos a los ojos de otras personas, la existencia de un bastón invisible, en el momento en el que no tengamos a nadie de las personas queridas a nuestro alrededor, en el momento en el que estemos solas en la vida, sin nadie que nos ayude a cruzar la calle, o se preocupe por si miramos a ambos lados, en el momento en el que todo nos cueste mucho más, y arrastremos con nuestro cuerpo el cansancio acumulado después de tantos años vividos. Me quedé pensando además, y di por sentado, que esa señora estaba sola. Estaba sola esa noche, estaba sola cruzando la calle, estaba sola en la vida. Me da miedo, y me dio mucho miedo pensar en esto. Me da miedo pensar que en algún momento voy a llegar a ser como esa señora mayor. Me da miedo pensar, que gente que yo quiero también va a llegar a esa instancia. Me da miedo que pase el tiempo, y no darme cuenta de gente que me necesita, como en ese momento la señora, quien sabe si, necesitaba de alguien querido al lado de ella. Me da miedo, en serio. No quiero ni imaginármelo. Me aterroriza el solo pensar de poder perder a alguien, de que las cosas sean distintas, de que yo no pueda hacer nada contra el reloj de la vida. Todos crecemos, y llegamos a ese momento. Pero yo no quiero eso, ni para mí, ni para la gente que me importa. Me dan ganas de agarrarlos a todos, ahora, y encerrarnos en una burbuja anti-edad, que no nos permita ni envejecer, ni sufrir daños, ya sea de inseguridad, físicos o sentimentales, lo que sea. Me gusta tener las cosas bajo control, y me gusta que la gente que quiero no sufra riesgos, por más mínimos que sean. Me angustia que pase algo, y no poder controlarlo, o no poder ayudar a alguien, aunque este mas allá de mi alcance. Es una postura muy egoísta, necia, y poco coherente, ya que el tiempo corre igual. Pero sinceramente, me da miedo, pensar que mientras yo trabajo, alguien que quiero puede estar sufriendo o puede sentirse sola, o puede estar mal por X motivo, y yo no me estoy enterando, estoy ajena a eso. Vuelvo a repetir, me dan ganas de abrazarlos a todos y no dejarlos ir de mi lado, ni de mi alcance. Creo que las chicas después de escucharme decir un resumen de todo esto, me habrán mirado con cara de “esta piba está loca, la tarta de vegetales le pegó feo” pero como no les veía las caras, ni me preocupo. Dos minutos después, se nos acercó una perrita muy linda, que a la legua se notaba que estaba re embarazada. Y si a mi amiga, hay algo que la caracteriza, es la sensibilidad que tiene por esas criaturitas lindas. Empezó a acariciarla, al ritmo de acompañar cada caricia con un “pobrecita, estás sola”. Lo mismo que veía yo en una señora mayor, ella lo veía en una perrita embarazada. A lo que después de un rato largo de escuchar los repetidos “pobrecita”, le aclaré a mi amiga, que no sabíamos si era pobrecita, no sabíamos si estaba sola, no sabíamos si estaba triste, es posible que la perrita embarazada fuera feliz, y nosotras no lo sabíamos, solo nos quedábamos con la imagen que nos transmitía. A lo que mi amiga respondió, quizás la señora mayor que cruzaba la calle, también es feliz.
Y TODAS LAS RUINAS ENTRAN A BRILLAR,
ES TU SUEÑO QUIEN LLEVA LOS HILOS.
Y LLORAR DE NUEVO YA NO TE HACE MAL,
Y UN DOLOR TE MANTIENE AHORA EN VILO.